¡Bienvenidos a la Economía del Distanciamiento Social!



Julio 4, 2020 Escrito por Johan Mejia


¡Bienvenidos a la Economía del Distanciamiento Social!

Esta tarde de domingo salí a dar un paseo a los alrededores de mi casa, y a pesar de que la curva de contagios por COVID-19 se acelera en Bogotá, con 34.131 casos positivos y 810 personas fallecidas al momento de escribir estas líneas, me sorprendió la cantidad de gente que se encontraba en la calle, y aunque no hay datos oficiales, me bastó caminar algunas cuadras para darme cuenta de que la dinámica urbana cambió con respecto a los primeros días de la cuarentena.

Los parques estaban llenos de familias que disfrutaban del día soleado, gente paseando a sus mascotas, otras montando en bicicleta, y los comercios y centros comerciales contaban con largas filas de gente que esperaba ingresar; diez, 20 y hasta más personas en el caso de los centros comerciales, a dos metros de distancia, unas de otras, con su tapabocas, bolsa debajo del brazo y muchas de ellas revisando su celular para matar la espera.

La curiosidad me llevó a hacer la fila de ingreso al Centro Comercial, definitivamente quería seguir experimentando un poco más de la “nueva normalidad” que estaba viviendo este día.  Al cabo de un rato pude ingresar al inusualmente espacioso centro comercial, después de pasar por el control de temperatura, limpieza de zapatos en un tapete desinfectante y alcohol en las manos.

Algunos locales solitarios por la nueva situación comenzaban a abrir sus puertas después de varios meses de cierre, cada uno de ellos con su respectiva señalización de bioseguridad en la entrada, distanciamiento social, capacidad máxima de aforo y dos o tres empleados con sus respectivos elementos de protección personal esperando que algunos clientes se animaran a ingresar, mientras el personal de vigilancia invitaba a ponerse de pie a algunas personas que estaban sentadas en las sillas del área común del centro comercial.

Mientras caminaba y observaba todo a mi alrededor, me asaltaron muchas preguntas, ¿Será que todo lo que hemos vivido durante estos meses no fue más que una gran pausa en nuestras vidas? De escala global y sin precedentes, sí, pero finalmente temporal o, por el contrario, ¿Será un reinicio más que una pausa? Pero ¿Un reinicio de qué?

Toda la avalancha de información que estaba recibiendo ese día, se convirtió en mi punto de partida para comenzar a investigar, como será la próxima normalidad de nuestra sociedad y de la economía permanentemente alteradas por el COVID-19, una normalidad que muy probablemente se caracterizará por nuevos comportamientos humanos, distanciamiento social, nuevas regulaciones, disrupciones y cambios constantes en industrias y gobiernos, y una nueva etapa de incertidumbre económica, política y social a nivel global.

Precisamente dos premios Nobel de economía como Joseph Stiglitz y Robert Shiller, coinciden en afirmar que esta crisis ha abierto una gran ventana de oportunidad para crear un nuevo contrato económico y social, donde se construyan nuevas instituciones internacionales que permitan una mejor distribución del riesgo entre países, y así lograr un mejor balance entre globalización y desarrollo local.

En esa misma línea, el alemán Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), afirma que hay numerosas razones para apostar por un “gran reinicio del capitalismo”, teniendo en cuenta que ya se empieza sentir una fuerte desaceleración económica que podría ser el preámbulo de la peor depresión desde la década de 1930.

Tras más de tres meses de confinamiento, el costo para las economías es evidente. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, solo en América Latina cerca de la mitad de los hogares han reportado pérdidas de empleos y muchas empresas han tenido que cerrar o recortar drásticamente sus operaciones.

Lejos de ser como la conocíamos, la economía post COVID-19 será más pequeña que la anterior a la pandemia, una “economía al 90%” como la define la prestigiosa revista The Economist, marcada por un sentimiento de incertidumbre generalizada, poca motivación para innovar y desigualdades más profundas, lo cual según diversas fuentes podría durar meses o incluso años, hasta que haya una vacuna disponible a gran escala para controlar la enfermedad.

De acuerdo con un estudio realizado por la firma Price Waterhouse Coopers, aun después del levantamiento gradual de las medidas de confinamiento, los temores a eventuales riesgos de contagio seguirán presentes en las personas y esto tendrá un fuerte impacto sobre sus hábitos de consumo y de movilidad, por lo tanto, mientras más duren estas medidas, más profundo será el impacto en su nivel de confianza.

Para prevenir un colapso económico y social, los gobiernos han venido implementando una serie de normas para levantar las medidas de confinamiento de forma gradual, tales como: distanciamiento social, limitar las aglomeraciones de personas, restricciones de viajes nacionales e internacionales, y extremar las medidas de higiene a través de protocolos de bioseguridad. 

Lo anterior tiene implicaciones muy profundas, teniendo en cuenta que la mayoría de nuestras actividades sociales y económicas requieren de contacto.

Nos guste o no, esto conduce a una abrupta transición de una economía de contacto intenso - donde tocábamos cosas, estábamos a poca distancia de otras personas, no importaban mucho las aglomeraciones, y las medidas de higiene no eran tan importantes - a una Economía de Bajo Contacto como la ha denominado la firma de consultoría Board of Innovation.

Algunos de estos nuevos comportamientos forzados por la crisis probablemente se mantendrán como nuevos hábitos después de la pandemia, y precisamente para estudiar este fenómeno, la firma Ernst & Young se dio a la tarea de realizar un análisis de estos comportamientos, encontrando cinco nuevos segmentos de consumidor al término del COVID-19, que dan una perspectiva más amplia de las expectativas que tienen sobre el futuro:

1.     Vuelta a la normalidad: Seguirán gastando como antes de la pandemia.  Son los menos preocupados por la pandemia en general.

2.     Extravagantes, pero responsables: Se enfocarán mucho más en la salud y seguirán gastando en áreas que consideran importantes para ellos.  Aunque son optimistas, están seguros de que vendrá una recesión global fuerte.

3.     Moderados y sencillos: Van a realizar recortes fuertes en sus gastos y creen que costará trabajo regresar a la estabilidad en un futuro cercano.

4.     Recortes y Ajustes: Van a realizar un recorte fuerte en sus gastos, cambiando sus hábitos de qué y cómo comprar.  Es probable que este segmento no cuente con un trabajo formal.

5.     De regreso con más fuerza: Van a gastar mucho más en todas las categorías, ya que fueron los que mayor impacto tuvieron en su vida diaria a causa de la pandemia.

Este estudio concluye que la pandemia podría crear un mundo de consumidores más consciente, con mayor control sobre la asignación del gasto y menor disposición al endeudamiento, pero, sobre todo, con un incremento notable en el consumo a través de medios digitales, lo que provocará un crecimiento sostenible del comercio electrónico durante los próximos años.

Esto tiene indiscutibles consecuencias para las empresas, y bajo este escenario, Mario Morales, director de estrategia e innovación de Ernst & Young, propone que las empresas piensen paralelamente en tres horizontes de tiempo para sobrevivir a la crisis: Analizar el hoy, el mañana y lo que sigue.

Analizar el hoy implica que, si bien en el corto plazo el objetivo es adaptarse rápido para sobrevivir, es necesario no quedarse permanentemente en modo reactivo y “apagando incendios”, sino estar un paso delante de lo que viene; en esta etapa su principal objetivo debería estar enfocado en la salud y el bienestar de sus colaboradores, asegurar la continuidad del negocio y la liquidez necesaria para sobrevivir durante la etapa de confinamiento.

El mañana es la etapa en la que la mayoría de los países nos encontramos hoy, donde gradualmente se están levantando las medidas de confinamiento y poco a poco se va reactivando la oferta y la demanda.  En esta fase, recomienda el experto, las empresas deberían contar con dos equipos de crisis, uno enfocado en las acciones a corto plazo y el otro llamado de estrategia hábil, enfocado a revisar los escenarios que podrían enfrentar en los próximos meses, explorar oportunidades y restructurar la deuda.

Lo que sigue será la etapa que marque la diferencia entre quedar relegado o evolucionar, las empresas van a tener que tomar decisiones estratégicas basándose en cómo el COVID-19 ha afectado su modelo de negocio, y acorde a esto, adaptar su portafolio de productos y servicios a las necesidades de sus clientes. 

Dependiendo de los escenarios que se desprendan de estas decisiones, es posible que sea necesario restructurar la organización, rediseñando su modelo de negocios, o incluso contemplar la posibilidad de crear un nuevo negocio.  De lo contrario, las empresas podrían quedarse navegando a la deriva y eventualmente terminar en un lugar indeseable.

Esto confirma una vez más que el reinicio forzado de nuestra sociedad ha impulsado una serie de tendencias sociales, tecnológicas y de mercado que cambiará la forma en la que hacemos negocios, la forma en que trabajamos, colaboramos, compartimos, consumimos, viajamos y aprendemos.  Todo a la vez.  Es una oportunidad única para explorar nuevas áreas de crecimiento basadas en estas nuevas tendencias.

Sin embargo, la reactivación no se producirá de la noche a la mañana. Dependerá en gran medida de la confianza que las personas como trabajadores y consumidores sientan para reanudar sus funciones de forma segura: Confianza en los demás, confianza en las empresas y confianza en el gobierno.  Desafortunadamente, los niveles de confianza a nivel global están en niveles históricamente bajos y revertir esta tendencia será todo un desafío.

Quizás a raíz de lo anterior, una de las tendencias más importantes de esta nueva situación es la renovada importancia del entorno digital para las personas y empresas, gracias a la inmensa variedad de oportunidades que las herramientas digitales les ofrecen para realizar sus actividades de forma fácil y segura.

Desde el punto de vista de las empresas, este entorno es una gran oportunidad para enriquecer la oferta a los consumidores y reducir costos a largo plazo, gracias al gran número de posibilidades que ofrece para simplificar radicalmente muchos de los procesos, y a su vez, personalizar la experiencia de sus clientes, lo que finalmente si se usa de manera estratégica le ayudará a mejorar o construir una nueva propuesta de valor.

No obstante, para muchas empresas, capturar estos beneficios implicará reinventar su modelo de operación, lo cual traerá grandes retos para la fuerza de trabajo, que se verá obligada a adquirir nuevas habilidades, y tener mayor flexibilidad para abordar tareas más complejas y especializadas que tendrán cada vez más un uso intensivo de herramientas tecnológicas.

Precisamente en una investigación muy interesante, el reconocido periodista Andrés Oppenheimer, ha llegado a la conclusión que muchos de los trabajos existentes corren el riesgo de automatizarse o volverse obsoletos debido al crecimiento exponencial de los avances tecnológicos, y seguramente en los próximos años cambiará drásticamente la definición de lo que hoy conocemos como un “empleo”.

No hay un mejor momento para que las compañías comiencen a prepararse para contestar a preguntas como: ¿Cómo será el nuevo normal de su industria? ¿Cómo diseñar una cadena de suministro más resiliente? ¿Cómo acelerar el proceso de transformación digital? ¿Cuáles son las áreas de crecimiento para su empresa? ¿Qué aprendizajes ha dejado esta crisis para transformar la organización para siempre? Estas entre muchas otras preguntas se convertirán en el pan de cada día para las empresas. 

A medida que la tormenta se vaya apaciguando, en este nuevo escenario seguramente las empresas y las personas perderán muchas cosas que añorarán, pero también ganarán otras sin las cuales en poco tiempo no imaginarán vivir.  Esta crisis ha dejado lecciones muy valiosas, que bien aprendidas tienen un inmenso potencial para convertir el gran desafío actual en una montaña de oportunidades.

El mundo ha cambiado muchas veces y seguirá cambiando muchas más, la nueva normalidad puede alejarnos físicamente, pero en líneas generales, nos estará aproximando de forma responsable.  ¡Bienvenidos a la economía del Distanciamiento Social!

 

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