Caos y Fe

 

 Imagen Elaboración propia.


Abril 23, 2026 Escrito por Johan Mejia

Artículo publicado para la Revista EDS Premium – Edición 50.

Hace 50 ediciones nació EDS Premium y han transcurrido un poco más de 20 años de este nuevo siglo. Hacer una pausa en el camino y mirar atrás nos permite entender lo lejos que hemos llegado.

Han sido más de dos décadas de cambios vertiginosos, de adaptación constante, de retos que nos han enseñado. Y si hay algo que he comprendido después de 19 años en esta industria, es que los empresarios de los combustibles nos movemos entre dos fuerzas opuestas: el caos y la fe. Esa es la dualidad de nuestra existencia.

Desde el primer momento en que ingresamos a este sector nos enfrentamos al caos. Un caos que nos abruma y parece sobrepasarnos.

Lo primero es el bosque normativo, denso y en constante expansión: regulaciones ambientales, reglamento técnico, certificación de estaciones de servicio y surtidores de combustible, normativas de seguridad. Luego, la competencia creciente, la presión sobre los márgenes, los cambios en los hábitos de consumo y la imparable ola tecnológica que revoluciona todos los procesos. Y, como si fuera poco, la transición energética, inminente e irreversible, que nos exige innovación y visión de futuro.

Desde la mirada del consumidor, sin embargo, la estación de servicio parece inmutable: la misma estructura, los mismos surtidores, el mismo producto, cada vez más costoso. Pero los que estamos detrás sabemos que, bajo esa aparente estabilidad, las placas tectónicas del sector nunca dejan de moverse.

Y ahí radica nuestro mayor reto: entender que el cambio no comienza en el patio de la estación, sino en la oficina de la administración.

El sector ha cambiado su morfología. De empresas familiares y pequeños empresarios, hemos pasado a un ecosistema donde los grandes grupos económicos y los fondos de inversión han entrado a transformar la dinámica del mercado. Ya no basta con mantenernos a flote en medio de la tormenta; debemos trazar el rumbo desde la estrategia, desde la toma de decisiones, desde una visión clara de hacia dónde vamos.

Con el tiempo nos acostumbramos a hacer preguntas sin respuestas inmediatas. A buscar alternativas. A tropezar, a levantarnos, a seguir adelante. Navegamos entre la disparidad del mercado, entre pequeñas estaciones y grandes grupos económicos, entre la incertidumbre y la necesidad de seguir operando.

Y entonces, cuando el caos parece abrumarnos, nos aferrarnos a nuestra fe.

Fe, porque seguimos aquí. Porque, a pesar de la incertidumbre, debemos reinventamos una y otra vez. Fe en que no estamos ante el fin de nuestros negocios, sino ante su transformación más importante. No estamos condenados a desaparecer, sino llamados a reinventar el fuego.

El futuro no está en el combustible que vendemos, sino en la experiencia que ofrecemos. Debemos evolucionar de un modelo de negocio centrado en el vehículo a uno centrado en el cliente. Algunas estaciones deberán transformarse, adaptarse a las nuevas dinámicas de consumo, o incluso desinvertir en ubicaciones que ya no son viables. Pero, en esa evolución, se encuentra nuestra mayor oportunidad.

Porque la mística de este negocio no está en cambiar su razón de ser, sino en darle la vuelta. Seguimos siendo distribuidores de combustibles y energéticos, pero debemos entender que lo que realmente compra el cliente no es solo combustible, sino comodidad, rapidez, variedad y servicio. Nuestra transformación debe partir de esa comprensión: ¿Qué representa nuestra oferta para cada consumidor?

Si no fuese así, ¿por qué marcas como Reebok en Estados Unidos están trabajando para convertir estaciones de servicio en clubes de fitness para 2030? El mundo ya está pensando en nuevas formas de aprovechar estos espacios y en cómo las estaciones de servicio pueden reinventarse sin perder su esencia. La clave no es solo vender energía, sino adaptarnos a las nuevas necesidades de quienes la consumen.

El caos no es el enemigo. Es el significado. Es la señal de que estamos en movimiento.

Por eso, más que nunca, debemos unirnos. No solo como gremio, sino como empresarios que formamos parte de uno de los sectores más estratégicos para el país. No podemos darnos el lujo de competir entre nosotros mientras el mundo cambia. Es momento de colaborar, de innovar, de construir juntos un futuro sostenible.

Porque tenemos una aspiración y una inspiración hacia la colectividad. El ser humano es gregario por naturaleza; buscamos reunirnos, trabajar en conjunto, crear comunidad. Y eso es, en esencia, lo que nos hace agremiarnos. Este no es un tema político ni de intereses particulares, es un trabajo de perseverancia, paciencia y persistencia. Es la convicción de que, si enfrentamos juntos los desafíos, podremos convertir la incertidumbre en oportunidad.

Una de nuestras grandes fortalezas como colombianos es el aguante, el ingenio y la capacidad de adaptación. A lo largo de la historia hemos demostrado que sabemos sortear las crisis, que no nos rendimos fácilmente. Y ahora, más que nunca, debemos dejar salir esas cualidades, esa colombianidad que nos hace recursivos, creativos y resilientes, para sacar adelante nuestras estaciones de servicio y nuestras familias.

Estoy seguro de que tenemos la madera para hacerlo.

Porque, al final, nuestra mayor fortaleza puede estar oculta dentro de nuestra mayor debilidad: la heterogeneidad. El valor no está en el producto que vendemos, sino en la diversidad de nuestras experiencias, de nuestros conocimientos, de las diferentes generaciones que han pasado por nuestras estaciones de servicio. Es en esa pluralidad donde se encuentra el potencial de construir algo nuevo, algo en común.



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